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"La visibilidad internacional es un escudo para los periodistas amenazados"
"Creo en el papel del periodismo como linterna del mundo, como un derecho
de la sociedad para saber y entender; creo que los derechos humanos no
se negocian. Mientras siga viva seguiré escribiendo y con lo escrito,
seguiré viviendo".
Así de rotundo
es el credo de Lydia Cacho Ribeiro (México D.F., 1963), que compagina
su labor como periodista independiente con la dirección de un centro de
atención a mujeres maltratadas en Cancún. Acaba de ganar el Premio UNESCO-Guillermo
Cano de Libertad de Prensa.
En
sus libros y en cientos de reportajes usted ha denunciado temas como la
pederastia, la trata de menores, la corrupción, el crimen organizado,
la discriminación y la violencia de género, todo ello entre amenazas de
muerte, intentos de ataque contra su vida y batallas legales. ¿De dónde
le viene esa fuerza?
Mi trabajo periodístico y mi labor como ciudadana mexicana están íntimamente
relacionados. La defensa de los derechos humanos es un tema que me ha
tocado desde muy pequeña. Mi madre, que era francesa y llegó muy joven
a México, ejerció desde siempre un activismo social que formaba parte
de su vida y así nos educó. Crecí en una familia donde la defensa de los
derechos humanos era una responsabilidad natural de ciudadana, no un esfuerzo
ni un sacrificio. Luego de haber tenido durante muchos años un programa
en una radio comunitaria en Quintana Roo, hablábamos todo el tiempo de
la violencia de género y de pronto las mujeres llegaban a la estación
de radio con golpes de machete, nos contaban las amenazas de muerte que
les hacían sus esposos…
me pedían ayuda y yo no sabía qué hacer por ellas. Entonces decidimos
crear un grupo de ayuda y finalmente pudimos abrir un refugio de alta
seguridad para mujeres, niñas y niños víctimas de violencia y un centro
de atención.
¿Cómo funciona?
El Centro Integral de Atención a la Mujer y sus hijos (CIAM-Cancún) es
una asociación civil sin fines de lucro y vive de donativos. Yo lo dirijo,
pero vivo de mi trabajo periodístico; sin embargo, los empleados que colaboran
con nosotros sí tienen un sueldo, son profesionales de defensa de las
víctimas. El CIAM ha sido reconocido por instancias internacionales como
el mejor centro de atención de México. Es una organización bastante avanzada,
y hemos protegido a esposas de narcotraficantes, de políticos, de albañiles,
de campesinos, es decir, a cualquier mujer que pida ayuda porque vive
una relación violenta.
¿Piensa usted que
las cosas están cambiando? ¿Vale la pena todo este trabajo?
Por supuesto que vale la pena, hay muchas transformaciones, hay sujetos
en la cárcel por el libro que yo escribí [Los demonios del Edén, Grijalbo
Mondadori, 2005], hay muchas víctimas que han salido a la luz y que recibieron
atención en diferentes lugares del país. Hay una reacción social importantísima
y ése es uno de los grandes honores. Más allá de cualquier premio es lo
que ratifica que nuestro trabajo como periodistas funciona y sirve de
algo. Además, a partir de mi encarcelamiento y de toda la reacción de
los medios y como consecuencia de actores sociales y políticos importantes,
se despenalizó el periodismo en México. Yo fui a la cárcel precisamente
porque los periodistas podíamos ser encarcelados por una acusación de
difamación y calumnia, gracias a mi caso desapareció esto. Ahora se puede
llevar a un juicio civil como en cualquier país más avanzado. Por otro
lado, mejoraron mucho las leyes con respecto a la pornografía infantil,
pero sobre todo se mediatizó el tema, es decir, en México el abuso sexual
infantil y la pederastia eran temas absolutamente silenciados e intocables,
y a partir de mi caso, han salido una cantidad de foros e incluso se han
creado organizaciones especializadas.
Personalmente,
¿tiene miedo?, ¿lo ha tenido en algún momento de su carrera?
Evidentemente, lo he tenido, cuando fui secuestrada, a fines de 2005,
en las veinte horas de tortura en que estuve detenida en el camino de
Cancún hacia el centro de la República. Con el tiempo uno aprende a taimarlo
y a entender el miedo como un instrumento para tomar decisiones y para
hacer estrategias. Además, debo decir que luego de veinte llamadas de
amenaza de muerte una aprende a vivir sin tomarlas tan en cuenta, porque
sería una locura. Habría que dejar no solamente el país, sino tal vez
la profesión, y yo no estoy dispuesta.
¿Tiene protección
especial para moverse?
Durante casi tres años tuve una escolta federal
de cuatro agentes y viajaba a todas partes con una camioneta blindada.
Sin embargo, en marzo de 2007 hubo un atentado en contra de esa camioneta
federal y la propia policía sigue sin investigarlo, por lo que no parece
que la seguridad en manos de agentes federales sea tal. Hace unos meses
decidí dejar esa escolta y tomar las precauciones normales que toma todo
reportero que anda por el mundo, teniendo mucho cuidado.
Pero, en esas circunstancias,
¿le es posible hacer su trabajo con normalidad?
Justamente es la trampa de las medidas cautelares que nos ponen a los
periodistas. Haciendo el tipo de trabajo que yo hago de investigación
sobre crimen organizado y derechos humanos, es muy difícil lograr que
ciertas fuentes hablen con nosotros sabiendo que estamos rodeados de una
escolta que todo el tiempo sabe a dónde voy. El año pasado, cuando comencé
a escribir mi libro sobre trata de mujeres en el mundo me sentí muy presionada
porque no tenía la libertad de hablar con mis fuentes. Verdaderamente
tener escolta y ser periodista es como estar presa, es como si fuéramos
unos delincuentes que tenemos que estar protegidos por una policía que
no se sabe si te protege o te espía.
¿Qué supone para
usted recibir el Premio UNESCO-Guillermo Cano de libertad de prensa?
En
primer lugar es un honor recibir un reconocimiento de esta naturaleza,
cuando en realidad estoy haciendo un trabajo que yo amo y que considero
indispensable para un país como el mío. Emocionalmente es importante sentirse
acompañada en momentos en que por mi trabajo he sido encarcelada y torturada
y, como consecuencia de ello, se ha descubierto los niveles de corrupción
de que son víctimas los periodistas en mi país, que, después de Iraq,
es uno de los más peligrosos del mundo para ejercer la profesión. Por
otro lado, me parece que estos premios de alguna manera nos dan cierta
protección, porque la visibilidad internacional es como un escudo para
los periodistas amenazados y al menos sube el costo para los criminales
que quieran ultimar nuestras vidas.
¿En qué está trabajando
actualmente?
Como le digo, estoy terminando un libro que habla sobre las redes internacionales
de trata de mujeres y niñas. Es un mapa mundial no solamente de quiénes
son y cómo funcionan estas redes que compran y venden seres humanos, sino
además de cómo se vinculan los personajes de los gobiernos locales e internacionales
para la protección
de las redes de trata de mujeres y niñas.
¿Cómo se presenta
la situación actual de la libertad de prensa e información en México?
Es evidente que en los últimos años el periodismo en México se ha convertido
en un elemento fundamental para la transformación del país, porque los
procesos democráticos necesariamente llevan a una mayor veracidad de la
información. Durante setenta años, el gobierno unipartidista que tuvo
el país había tenido controlados a los medios, tanto en lo económico como
en el contenido. A partir del cambio de gobierno en el sexenio anterior
(2000-2006), con el presidente Vicente Fox se da cierta apertura de los
medios que los periodistas mexicanos estamos aprendiendo a manejar. Y
en el 2008, ser periodista en México es una tarea indispensable para poder
revelar las condiciones reales del país: un país con 104 millones de personas
y 30 millones sometidos a una pobreza extrema, un país donde los ricos
son más ricos que los europeos y los pobres más pobres que los africanos.
Quienes desempeñamos la profesión de periodistas tenemos que entender
los contrastes y el riesgo que corremos para mostrar los elementos de
fondo de la problemática nacional.
¿El 3 de mayo la
UNESCO celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa centrándose en
el tema del acceso a la información. ¿
Cómo puede lograrse que las poblaciones tengan acceso a una información
plural e independiente? Los medios electrónicos juegan un papel fundamental.
En México, la monopolización de los medios, que ha sido tan criticada
por la comunidad internacional, es el tema de este siglo. En un país en
el que pese a todo subsisten los monopolios televisivos y radiofónicos,
mantener las radios comunitarias es lo que nos salva. Lamentablemente,
en este momento estamos entrando en una era de represión a estas emisoras.
Hace unos días en Oaxaca fueron asesinadas dos jóvenes que manejaban una
radio comunitaria que transmitía información en una de las lenguas tradicionales
mexicanas. Aquí en el estado de Quintana Roo, donde vivo y trabajo desde
hace 22 años, se habla maya, aunque los contenidos en esta lengua son
muy escasos. Con esto lo que planteo es que necesitamos más radios comunitarias
e invertir en los medios electrónicos, que son los más accesibles para
la población mexicana, aunque lo más importante es mejorar radicalmente
los contenidos.
* La preocupación
de Lydia Cacho Ribeiro sobre el futuro de la radio comunitaria muestra
que se trata de un asunto de gran relevancia, sobretodo para los profesionales,
pero también para los líderes políticos y los expertos. Un informe de
2008 del Banco Mundial destaca que la radio comunitaria es fundamental
para el desarrollo. Sin embargo, las leyes que regulan este ámbito a menudo
desfavorecen las emisoras de radio comunitarias no lucrativas. Éste constituye
el tema central de un estudio en el que ha estado trabajando durante dos
años el Consejo de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanas de Canadá
(SSHRC).
La publicación de la tesis titulada: "Sound as a Dollar?: The Propertization
of Spectrum Resources and Implications for Non-Profit Community Radio
in Guatemala ("¿Suena como un dólar? La tenencia en propiedad de los recursos
y las implicaciones para las radios comunitarias no lucrativas en Guatemala"),
realizado por Victoria Henderson (Queen's University), se prevé para otoño
de 2008.
"Por nuestra condición de mujeres indígenas, tenemos nuestro lugar en
esta radio. Y esta posición no podríamos tenerla en las radios más importantes
por el hecho de ser mujeres, además nos discriminan por ser indígenas.
En cambio, en nuestra radio podemos expresarnos, decir lo que sentimos,
lo que pensamos…vestidas con nuestros trajes típicos, por ejemplo, y hablando
en nuestra propia lengua…". Angélica Cubur, de radio Ixchel (Guatemala).*
Entrevista de Lucía Iglesias Kuntz (UNESCO)
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