Vinieron a Francia
en busca de una vida mejor y unos medios económicos que la España de
la época no era capaz de garantizar. Llegaron sólas, con sus maletas
y sus esperanzas, para ocupar puestos poco cualificados que en muchos
casos se convirtieron en el oficio de toda su vida. Porteras, niñeras,
asistentes de hogar... y todo ello sin hablar ni una palabra de francés,
sin conocer la cultura ni las costumbres y teniendo que cambiar sus
pueblos natales por la gran ciudad. Ahora quieren que su esfuerzo sea
reconocido. Que lo que hicieron sirva para que la España actual mire
con otros ojos a los emigrantes de cualquier sexo, raza y nacionalidad
que llegan hoy en dia a un paîs que ha cambiado mucho y rapidamente
y a cuyo bienestar contribuyeron, de forma excepcional y poco reconocida,
estas mujeres en la sombra. Para sacarlas del olvido en el que se encuentran,
la socióloga Laura Oso casas ha publicado “Españolas en París”, un estudio
sociológico sobre este fenómeno en el que se recogen los testimonios
de estas mujeres valientes y decididas.
Quién
no ha visto en alguna película francesa que el personaje de la portera
o de la señora de la limpieza sea curiosamente llamado Conchita o María.
Mucha gente se sorprende que sean mujeres españolas pero curiosamente
ésto no es más que el reflejo de la realidad. El lector dará un salto
al pasado al entrar en contacto con esta serie de testimonios de varias
mujeres inmigrantes españolas que han decidido compartir sus experiencias
vividas al llegar a Francia. En efecto, mientras realizaba sus búsquedas
para su segunda tesis, Laura Oso ha contribuido a sacarlas del olvido.
Es por ello que a través de las líneas no duda en utilizar las palabras
de estas mujeres que vinieron en los años 60 y 70 en las que se refleja
el relevante papel que han ocupado en la inmigración española. Muchas
de entre ellas no vinieron siguiendo a sus maridos sino que al contrario
que en anteriores periodos tenían un fin preciso en mente: ganar el
máximo dinero en el extranjero para ayudar económicamente a su familia.
Sin conocer el idioma o las costumbres de sus nuevos países de acogida
dejaron sus casas para ponerse a trabajar en el servicio doméstico o
cuidando porterías que muchas no dejarían aún cuando se casaran.
Extranjeras
Este libro, que
fue presentado el pasado mes de abril en el Instituto Cervantes, no
es más que una breve descripción de la historia de una serie de vidas
que no siempre fueron fáciles, a las que debe de añadirse el dolor y
el sentido de injusticia que muchas de entre ellas sienten ante el escaso
o nulo reconocimiento que han recibido por parte de su familia y del
país al que ayudaron con las remesas que fueron enviando constantemente
a lo largo de los años, al tiempo que creían que su estancia era temporal
ya que esperaban que a su vuelta tendrían una mejor situación de la
que habían vivido. Extranjeras en Francia, extranjeras en una España
que ha olvidado todo lo que aportaron a su país natal con sus sacrificios,
con su doble papel de madres y mujeres trabajadoras. En la actualidad
muchas sienten que han sido injustamente tratadas por los que más se
beneficiaron de todos sus esfuerzos, su familia y su país. Por suerte
nuevos estudios que siguen la misma línea que el de Laura Oso están
sacando a la luz no sólo su aporte a la historia de un país que en un
tiempo vio como única solución al crecimiento económico el favorecer
la emigración, sino que las sitúa en el lugar de reconocimiento que
todos los esfuerzos que realizaron deben de situarlas. Este segundo
libro de Laura Oso puede servir de modelo a la actual España de nuevos
ricos ya receptora de inmigrantes que no debe de olvidar que hasta hace
poco se veía casi en la obligación de enviar a gente al extranjero para
que entraran divisas y ayudaran al crecimiento del país y, por lo tanto
no ha de cerrar las puertas a quienes llegan, ellos son también personas.
Sólo así se podrá entender y mejorar el futuro.