Desde
nuestros primeros años en primaria nos enseñaron que Thomas A. Edison
inventó, entre otras muchas cosas, la bombilla; Graham Bell el teléfono;
Einstein la física cuántica... todos ellos eran americanos o se habían
instalado en ese país. Así es como a los diez años estaba firmemente
convencida de que para ser inventor debía atravesar el charco y, una
vez en los Estados Unidos ya podría ponerme manos a la obra.
Por suerte, un par de años más tarde me enteré de que también había
inventores españoles y que si todos no fueron tan revolucionarios como
los norteamericanos, no es por que no fueran buenos. Mi conclusión fue
la siguiente: no contaron con buenas políticas de marketing y sus Relaciones
Públicas apenas supieron promocionarles.
Pero, pese a todo
sus invenciones han conocido un éxito silencioso y están a nuestro alrededor.
Dos de estos inventos fruto de la ingeniería “Made in Spain” forman
parte de nuestra más tierna vida escolástica cotidiana. Me refiero a
la grapadora y al afilalápices. Porque ¿quién no se ha clavado
alguna vez con mucho acierto una grapa en la mano? Pues bueno, en esos
momentos uno debería agradecérselo a “El Casco” una empresa afincada
en Eíbar (Guipúzcoa). La crisis económica del 29 les obligó a reconvertirse
y a principios de los treinta la lanzan al mercado. En el 45 llegará
el afilalápices, útil invento que salvó muchas mutilaciones de dedos.
De entre los que
más “glamour” poseen se encuentran el buque submarino impulsado por
energía eléctrica, más bien conocido como el submarino de
Isaac Peral, el autogiro y el tren TALGO. Respecto al primero, tuvo
poco éxito (me remito al escaso hacer de sus Relaciones Públicas). El
invento no fue juzgado lo suficientemente interesante para la Marina
española y su construcción en serie fue rechazada. En cambio, el
autogiro, obra del ingeniero Juan de la Cierva, que tenía la principal
ventaja de despegar y aterrizar en espacios muy reducidos, fue utilizado
en algunas grandes ciudades norteamericanas para el transporte de correo
entre las azoteas de los edificios. En
cuanto al TALGO, obra de Goicoechea y de Oriol, fue el tercer modelo
el que ha conseguido difusión internacional.
También podríamos
crear un grupo denominado “castizo”. Entre ellos podemos destacar la
bota, el botijo y porrón que no faltan en todo pueblo, aunque en
muchos casos ya sólo cumplan una mera función decorativa. La guitarra,
también debe ser mencionada en este apartado. Nacida en el S.XIII como
una variante de la vihuela se difunde rápidamente por entre las clases
bajas. En el S.XVI llegará a las colonias americanas españolas, pero
será el guitarrista Andrés Segovia quien la difunda por todo el mundo.
Otros inventos sorprenden
no sólo por su expansión sino por su origen. Por ejemplo el cigarrillo
se debe a los mendigos de Sevilla que en el S.XVI comenzaron a aprovechar
los desperdicios del tabaco. Estos eran liados en finas hojas de papel
de arroz. Será en 1.825 cuando los cigarrillos comiencen a ser empaquetados
y comercializados y en 1.833 aparecerá la primera cajetilla de 25 unidades
bajo el nombre de “Cigarrillos Superiores.
De origen gallego es el futbolín, uno de los pasatiempos preferidos
de los niños, antes de que salieran al mercado las máquinas de videojuegos,
claro.
Su creador, Alejando Campos, lo construyó con un fin sencillo: que los
niños mutilados por la guerra civil pudieran también jugar al deporte
nacional. Rápidamente se popularizó y, como sucede con el billar, también
existen expresiones futbolineras, aunque éstas sólo están al alcance
de los expertos: picada, bola en movimiento, púa, chicharra...
Pero de entre todos
los más queridos son la fregona y el chupa-chups. La fregona,
ya que pese a que el ingeniero y oficial del Ejército del Aire, Manuel
Jalón Corominas en 1.956 no lo supiera, facilitó mucho la limpieza de
los suelos de muchos hogares españoles. La dolorosa tarea de fregar
los suelos dejó casi de serlo gracias a ese palo de escoba que en su
parte inferior disponía de un penacho de fajas de algodón.
En cuanto al Chupa-chups, del empresario Enric Bernat, es la innovación
más sencilla y a la vez más querida por los pequeños y no tanto. Además,
en este caso podemos decir que sus R e l a c i o n e s Públicas hicieron
un excelente trabajo ya que sus ventas llegan a más de 170 países.
Lo gracioso de este revolucionario invento es su sencillez: un palo
hincado en un caramelo, así el niño no corre el peligro de tragárselo
y atragantarse, además de contar también con otro atractivo: las posibilidades
de mancharse la ropa y dedos son mucho menores. Será Kojak, un personaje
de la televisión norteamericana, quien lo popularice universalmente.
A modo de anécdota cabe decir que en 1.995 Baikonur se llegará a comer
uno en el espacio.
La ingeniería “Made
in Spain” no acaba con los anteriores ejemplos citados y mucho menos
con el Chupa-chups. Cabe citar el congelador solar portátil de Fernado
Correa o el inhibidor de teléfonos móviles, creación agradecida por
muchos espectadores de cine. Pese a que mis derroteros al final no fueron
por la ingeniería, me alegró mucho saber que la chispa ante los problemas
de la ciencia actual no sólo eran resueltos por la intuición norteamericana,
sino también española, francesa, italiana, a l e m a n a . . . e t c
. Pero quizás para ello sea mejor otro artículo.