LUZ Y CALOR N°48
Ingeniería “Made in Spain”
Cristina Blazquez

 

Desde nuestros primeros años en primaria nos enseñaron que Thomas A. Edison inventó, entre otras muchas cosas, la bombilla; Graham Bell el teléfono; Einstein la física cuántica... todos ellos eran americanos o se habían instalado en ese país. Así es como a los diez años estaba firmemente convencida de que para ser inventor debía atravesar el charco y, una vez en los Estados Unidos ya podría ponerme manos a la obra.
Por suerte, un par de años más tarde me enteré de que también había inventores españoles y que si todos no fueron tan revolucionarios como los norteamericanos, no es por que no fueran buenos. Mi conclusión fue la siguiente: no contaron con buenas políticas de marketing y sus Relaciones Públicas apenas supieron promocionarles.

Pero, pese a todo sus invenciones han conocido un éxito silencioso y están a nuestro alrededor. Dos de estos inventos fruto de la ingeniería “Made in Spain” forman parte de nuestra más tierna vida escolástica cotidiana. Me refiero a la grapadora y al afilalápices. Porque ¿quién no se ha clavado alguna vez con mucho acierto una grapa en la mano? Pues bueno, en esos momentos uno debería agradecérselo a “El Casco” una empresa afincada en Eíbar (Guipúzcoa). La crisis económica del 29 les obligó a reconvertirse y a principios de los treinta la lanzan al mercado. En el 45 llegará el afilalápices, útil invento que salvó muchas mutilaciones de dedos.

De entre los que más “glamour” poseen se encuentran el buque submarino impulsado por energía eléctrica, más bien conocido como el submarino de Isaac Peral, el autogiro y el tren TALGO. Respecto al primero, tuvo poco éxito (me remito al escaso hacer de sus Relaciones Públicas). El invento no fue juzgado lo suficientemente interesante para la Marina española y su construcción en serie fue rechazada. En cambio, el autogiro, obra del ingeniero Juan de la Cierva, que tenía la principal ventaja de despegar y aterrizar en espacios muy reducidos, fue utilizado en algunas grandes ciudades norteamericanas para el transporte de correo entre las azoteas de los edificios. En cuanto al TALGO, obra de Goicoechea y de Oriol, fue el tercer modelo el que ha conseguido difusión internacional.

También podríamos crear un grupo denominado “castizo”. Entre ellos podemos destacar la bota, el botijo y porrón que no faltan en todo pueblo, aunque en muchos casos ya sólo cumplan una mera función decorativa. La guitarra, también debe ser mencionada en este apartado. Nacida en el S.XIII como una variante de la vihuela se difunde rápidamente por entre las clases bajas. En el S.XVI llegará a las colonias americanas españolas, pero será el guitarrista Andrés Segovia quien la difunda por todo el mundo.

Otros inventos sorprenden no sólo por su expansión sino por su origen. Por ejemplo el cigarrillo se debe a los mendigos de Sevilla que en el S.XVI comenzaron a aprovechar los desperdicios del tabaco. Estos eran liados en finas hojas de papel de arroz. Será en 1.825 cuando los cigarrillos comiencen a ser empaquetados y comercializados y en 1.833 aparecerá la primera cajetilla de 25 unidades bajo el nombre de “Cigarrillos Superiores.
De origen gallego es el futbolín, uno de los pasatiempos preferidos de los niños, antes de que salieran al mercado las máquinas de videojuegos, claro.
Su creador, Alejando Campos, lo construyó con un fin sencillo: que los niños mutilados por la guerra civil pudieran también jugar al deporte nacional. Rápidamente se popularizó y, como sucede con el billar, también existen expresiones futbolineras, aunque éstas sólo están al alcance de los expertos: picada, bola en movimiento, púa, chicharra...

Pero de entre todos los más queridos son la fregona y el chupa-chups. La fregona, ya que pese a que el ingeniero y oficial del Ejército del Aire, Manuel Jalón Corominas en 1.956 no lo supiera, facilitó mucho la limpieza de los suelos de muchos hogares españoles. La dolorosa tarea de fregar los suelos dejó casi de serlo gracias a ese palo de escoba que en su parte inferior disponía de un penacho de fajas de algodón.
En cuanto al Chupa-chups, del empresario Enric Bernat, es la innovación más sencilla y a la vez más querida por los pequeños y no tanto. Además, en este caso podemos decir que sus R e l a c i o n e s Públicas hicieron un excelente trabajo ya que sus ventas llegan a más de 170 países.
Lo gracioso de este revolucionario invento es su sencillez: un palo hincado en un caramelo, así el niño no corre el peligro de tragárselo y atragantarse, además de contar también con otro atractivo: las posibilidades de mancharse la ropa y dedos son mucho menores. Será Kojak, un personaje de la televisión norteamericana, quien lo popularice universalmente. A modo de anécdota cabe decir que en 1.995 Baikonur se llegará a comer uno en el espacio.

La ingeniería “Made in Spain” no acaba con los anteriores ejemplos citados y mucho menos con el Chupa-chups. Cabe citar el congelador solar portátil de Fernado Correa o el inhibidor de teléfonos móviles, creación agradecida por muchos espectadores de cine. Pese a que mis derroteros al final no fueron por la ingeniería, me alegró mucho saber que la chispa ante los problemas de la ciencia actual no sólo eran resueltos por la intuición norteamericana, sino también española, francesa, italiana, a l e m a n a . . . e t c . Pero quizás para ello sea mejor otro artículo.